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Actualizado 26/11/21 17:00

informe rosgan

Sistemas de engorde: ese fino equilibro entre el campo y el corral

El último relevamiento de Rosgan advierte que, la ganadería, como el resto de las actividades productivas, enfrenta tiempos en los que la decisiones oportunamente tomada resultarán clave para la supervivencia del negocio.


El nuevo escenario que configura esta pandemia, lleva a replantear varios esquemas productivos adoptados bajo contextos y proyecciones muy diferentes a las que se presentan en la actualidad. Es entonces donde la dimensión temporal juega un rol central en el análisis.

En relación a la duración de la crisis sanitaria, no hay más que curvas proyectadas en base a simulaciones estadísticas nutridas de los datos registrados en cada país. Si bien por tratarse de organismos vivos siempre existirá una porción no controlable, claramente el comportamiento de estas curvas se ve alterado por los protocolos de contención que han aplicado y continúan implementando los distintos gobiernos.

Sin embargo, esta crisis sanitaria y las medidas adoptadas para mitigarla han disparado otra crisis, tal vez de duración más incierta, una recesión económica mundial sin precedentes en la historia reciente. Un informe del FMI señala que la pandemia del coronavirus provocará este año una caída del 3% en el producto bruto global, siendo la mayor caída desde la II Guerra Mundial, con un impacto incluso mucho mayor que el de la crisis financiera de 2008 y 2009.

Es aquí donde la divergencia entre las distintas economías se amplía. Si bien el impacto inicial hoy golpea duramente a las economías más avanzadas, el tiempo que demandará la recuperación y la magnitud de ese ‘rebote’ sin dudas las posiciona en un escenario muy distinto al de las economías emergentes, condicionadas claramente por el cuadro inicial en las que la encontró esta crisis.

En este sentido, Argentina es uno de los países cuya economía no gozaba de la mejor salud. Un combo de economía recesiva, inflación, elevado endeudamiento y una total crisis de confianza de los inversores externos, nos expone a una situación de extrema vulnerabilidad.

A pesar de ello, el sector productor de alimentos es quizás uno de los más protegidos. Lo último que hace una persona es dejar de comer y la carne vacuna constituye un alimento básico en la dieta de muchos países.

Sin embargo, el aislamiento social al cual debió someterse el mundo impone cambios sustanciales en los hábitos de consumo. Claramente el impacto más inmediato se vio en el consumo de carne fuera del hogar, donde existe una gran disparidad en los perfiles, desde Estados Unidos y algunos países europeos con proporciones de consumo cercanas al 50% a nuestro país con porcentajes muy inferiores a ello, en torno al 10% según las últimas encuestas disponibles.

En Argentina, más del 70% de la producción de carne vacuna se destina al mercado doméstico. Siendo que la mayor proporción del consumo se concentra en los hogares, a través de compras en carnicerías y supermercados, éste debería tender a sostenerse a pesar del confinamiento. Sin embargo, la situación que viene enfrentando el consumo local tampoco goza de la mejor salud. Las medidas de ayuda impulsadas por el gobierno sumado a la necesidad de sobreabastecimiento que mostró la demanda en estas primeras semanas, han impulsado altos niveles de venta minorista que, en efecto, llevaron a incrementos del orden del 6% en el precio de la carne durante las primeras semanas de marzo.

En este sentido, de acuerdo a estimaciones de la propia Cámara Argentina de Feedlot (CAF), cerca del 75% de la carne que llega a los mostradores locales proviene de engorde a corral. Es por ello que el monitoreo exhaustivo del consumidor local resulta esencial en la planificación productiva del sector.

Estacionalmente, marzo y abril son los meses en los que el feedlot comienza a llenar sus corrales abasteciéndose de la zafra de terneros. Sin embargo, hoy en el sector se mantiene un alto grado de cautela. El nivel de ocupación a comienzos de abril alcanzaba el 59% de la capacidad de encierre, tan sólo un punto por encima de la ocupación de marzo. Más allá de salida de zafra demorada producto de las restricciones logísticas, el sector no ha salido a reabastecer los corrales a igual ritmo que otros años. El nivel de reposición promedio de los feedlots aún no ha ingresado a una fase de ‘llenado’. De acuerdo al Indice de Reposición de Feedlots (IRF) que mide la CAF, a inicios de abril los feedlots se encontraban reponiendo al 0,96, es decir ingresando menos animales de los vendidos, contra un 1,36 que marcaba este indicador en abril del año pasado.

Llamativamente, esta ‘cautela’ se da en momentos en los que el encierre comienza a ofrecer mayor rentabilidad tras varios meses deficitarios. La fuerte baja en el precio del maíz ha llevado a una relación insumo-producto más barata (81kg nov/ton maíz vs 94kg el año pasado). A su vez, la apreciación del novillito para faena mejoró notablemente la relación de compra contra la invernada (0,96kg gordo/kg ternero vs 1,06 el año pasado). Sucede que, más allá de los números, existe un alto grado de incertidumbre respecto de cómo podrá responder el consumo en la medida que la crisis económica se prolongue.

En este sentido resulta esencial que el sistema productivo logre mantener un adecuado nivel de flexibilidad. La complementación con las recrías a campo que hace unos años comenzó a instalarse como vía para abaratar costos, será una válvula crucial al momento de regular los flujos de oferta.

Basta con observar lo que está sucediendo en países como Estados Unidos donde el engorde se realiza mayoritariamente de manera intensiva. Ante una importante caída de la demanda industrial, el productor se encuentra totalmente encorsetado sin posibilidad de prolongar los ciclos de engorde una vez terminado el animal.

En Argentina, la recría a campo cumple un doble rol. Por un lado, permite bajar costos y regular los tiempos de engorde de aquella hacienda destinada al mercado doméstico a fin de evitar una sobreoferta de mercadería que el consumo no pueda asimilar y por ende termine deprimiendo los precios. Por el otro lado, juega un rol fundamental en la producción del animal pesado para exportación.

Si bien las ventas a Europa hoy están mayormente paralizadas, llegará el momento en que la actividad se reactivará al igual que lo está haciendo China. Hoy China está volviendo a comprar y su rápido despertar está sorprendiendo al mundo. Del mismo modo, es posible que Europa también recobre su actividad cuando Argentina continuará transtando la crisis. Es por ello que, el país no debe perder la capacidad de reaccionar rápidamente ante los primeros signos de recuperación de sus principales compradores, y para ello la producción debe estar preparada.

En este sentido, la decisión sobre reposición de pasturas al igual que la retención de las recrías debe abordarse hoy con una mirada que trascienda la coyuntura actual. Argentina posee la ventaja de tener un sistema productivo que ofrece gran flexibilidad, solo basta mantener ese fino equilibrio entre el campo y corral.